
Pues bien, una noche salimos del cuartel (Tetuán nº 14, Castellón, hoy desaparecido) a las dos de la madrugada con dirección a la zona del Maestrazgo. A veinte kilómetros más o menos debíamos coger un camino a la izquierda de la carretera (nada menos que la N-340) y al avispado Alférez de complemento que llevábamos como mando no se le ocurrió otra cosa que decir que, para asegurarnos, lo rebasaríamos y después a dar la vuelta en la carretera. Nosotros (que íbamos con él en un todo terreno) le dijimos que no se podía hacer eso, que los todo terreno podíamos pero el camión (un Pegaso cargado de soldados) no podría maniobrar; por cojones se hizo lo que ordenó.
Ante la estupidez mayúscula del mequetrefe aquél se me ocurrió decir que sería conveniente bajar de los vehículos para señalizar la maniobra, así que me tocó a mí; me bajé del vehículo me planté en el medio de la carretera (a esas hora no había tráfico) pero a nadie se nos ocurrió que de noche sin linterna y vestido de verde poco podía hacer.
Los vehículos ligeros dieron la vuelta sin problemas y el camión empezó a dar marcha adelante y atrás para poder girar. A lo lejos unas luces pequeñitas y yo preparado a bastantes metros, con la gorra en la mano, de repente las luces pequeñas quedaban justo encima de un par de focos enormes, estaba a poca distancia de un cambio de rasante por lo que las luces pequeñas que vi eran las de galibo de un camión enorme cargado de gres de Nules. Cuando me quise dar cuenta el camión estaba demasiado cerca y por más señas que hacía él seguía a toda velocidad, hasta que el conductor debió de ver un marciano en mitad de la carretera dando saltos y gritando y pegó un frenazo que heló la sangre de los de dentro del camión, que estaban ajenos a lo que se les venía encima.
Por mi parte lo último que hice fue dar un salto a la cuneta y rodar. Cómo verían (desde su posición no pudieron ver el salto) mis compañeros la cosa que bajaron de los vehículos con el propósito de despegarme del asfalto. Todos menos el Alférez sopla gaitas.
El camión derrapó y pasó justito entre nuestro camión y el terraplén lateral.
Mis compañeros me agradecieron lo que hice, pero, por supuesto, no hubo ningún reconocimiento por parte de los mandos. Bueno sí, a las pocas semanas me degradaron; pero esa será otra historia.Salu2



